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Estado es pésimo administrador – Entrevista de El Comercio

Por Mariella Balbi / Fuente: El Comercio (16.05.11).

¿Los recientes cambios en el plan de Ollanta Humala respecto a las AFP [administradoras de fondos de pensiones] son tranquilizadores?
Se dice que no se tocarán los fondos de las AFP, pero es insuficiente. Falta aclarar lo del flujo de ingresantes al sistema. Hay gente que va a ir saliendo por edad; si no ingresan más, el sistema colapsa.

El plan inicial de Humala no garantiza el flujo de ingresantes.
No lo hace. Se dice que, a partir del 28 de julio, los ingresantes irán a un sistema público obligatorio y el sistema privado será voluntario. Eso es gravísimo y preocupante. También se dice que Pensión 65 será financiada, en parte, por el fondo de las AFP. Eso ha sido corregido en esta hoja de ruta, pero lo del flujo de ingresantes no. Falta señalar que se va a permitir la libre elección y que luego de ello es obligatoria, aunque se contempla la libre desafiliación.

¿Entonces las pensiones de las AFP aún están en riesgo?
Si se corta el flujo de ingresantes es el fin del sistema privado, es el colapso y el final. Lo que sucedería es que esos fondos pasarán a la ONP. El Estado vendrá al ‘salvataje’ de aquello que ha destruido. Eso ocurrió en Argentina: las AFP fueron lentamente deterioradas, hasta que el gobierno vino al ‘salvataje’ y se llevó todo el fondo, ya sabemos con qué resultados. Igual sucedería en el Perú, si el gobierno corta el flujo de ingresantes. Las AFP tendrían que pagar pensiones sin que nadie entre y renueve la comisión, porque cuando uno cumple 65 años ya no aporta nunca más. El fondo se iría a la bancarrota.

Pero hay un proyecto de ley del Poder Ejecutivo que sería un candado.
Sí. El Ejecutivo envió dos proyectos. Uno para elevar de 30% a 50% el monto de inversión de las AFP en el extranjero. Es bueno porque se puede diversificar el marco de inversión; no estará tan atado a la Bolsa Valores de Lima; los riesgos se compensan. Quienes critican la medida tienen una mirada poco globalizada. Con mejor rentabilidad la pensión es mejor. Hoy, el 60% del fondo es rentabilidad; solo el 40% es aporte. Es un resultado extraordinario. El otro proyecto es la ley del blindaje para reforzar la protección constitucional del fondo, aunque ya la tiene. No sabe usted la angustia que se ha generado entre los aportantes a las AFP.

Por ese proyecto, se le dijo al ministro de Economía, Ismael Benavides, “terrorista financiero”.
Fue una frase desafortunada que se retiró. Los hechos son incontestables: hay temor, hay ‘corrida’ y esto es indeseable. Desde la segunda vuelta, la Bolsa de Valores de Lima ha bajado cuatro veces más de lo que bajó la bolsa de Japón con el terremoto y tsunami. Las AFP son una corporación de unos cuantos empleados que trabajan para cinco millones de personas. Las AFP son del pueblo. No hay peor administrador de pensiones que el Estado.

Se critica las altas comisiones.
Hay que modernizar el sistema y ver ese y otros puntos. Le doy una primicia: ya hay, prácticamente, un consenso para bajar la comisión. Yo estoy de acuerdo con la Pensión 65, pero debe salir del tesoro público, no tener filtraciones, ser solo para las personas pobres. Eso no está especificado. Finalmente, debe ser sostenible en el tiempo y no crear brechas fiscales.

El ex ministro de Economía Luis Carranza sostiene que es inflacionaria.
La esperanza de vida va en aumento; una pensión gratuita puede ser una bomba de tiempo. Si parte del PBI se va para las pensiones, a los jóvenes no les queda mucho.

¿Qué nos deja la polarización política en la que vivimos?
La polarización no es mala si es de ideas y convicciones. Sí lo es cuando se trata de odios, de pasiones y, peor, de insultos y agresiones. Espero que esto se detenga el 6 de junio. A partir de ahí, todos construimos una nación desde donde nos toque estar. Rechazo la violencia.

¿En esta elección está en juego el modelo económico?
No sé si todo, pero sí se están debatiendo ciertos fundamentos del modelo económico. También se están debatiendo las bases del modelo democrático.

¿En qué sentido?
Pienso que es indispensable respetar a la prensa, la libertad de expresión, respetar las instituciones, no interferir con la marcha del Congreso, respetar los derechos humanos, todo el sistema de justicia y, ciertamente, respetar la economía porque, si el país no crece, de lo único que podemos estar seguros, en el Perú, es que el número de pobres aumentará. La mejor política social es una buena política económica consistente y sostenible en el tiempo. Pero debe ser inclusiva, todos debemos participar de los beneficios. Creo que eso es lo que se está debatiendo: hay muchos excluidos.

Luis Carranza sostiene que el modelo económico no está cuestionado si no la eficiencia del Estado. ¿Coincide con él?
Estoy totalmente de acuerdo. Lo que está pendiente en el Perú es el gasto, que políticamente podríamos definirlo como la reforma del Estado: que pueda gastar correctamente, eficientemente y sin corrupción. Si tenemos comunidades nativas en las que un paramédico acude cada seis meses y hospitales del Estado que no funcionan, el peruano de a pie, rural, el quechua hablante, está desenganchado de la economía de mercado y el Estado tiene que llegar ahí, cosa que no ocurre. Por eso, cada cinco años los peruanos emiten un voto de protesta.

Hay indicadores de incremento de empleo, reducción de pobreza, mejora salarial…
Nuevamente, la mejor política social es una buena política económica. Pero este crecimiento no ha acompañado el desarrollo humano: salud, educación, etc. Las cifras de pobreza han bajado, pero aún son altas. Venimos de muy abajo, pero la elección nos agarra en la transición. A veces, pienso que esta elección es el choque entre dos culturas: una urbana, moderna, que avanza y quiere más ese desarrollo, y eso se expresó en la primera vuelta en tres o cuatro candidatos. Del otro lado, tenemos una cultura ancestral, excluida, víctima del abandono que dice “yo también soy tu compatriota y quiero que el Estado funcione para nosotros”. Hay más de un millón de peruanos que no tienen documento de identidad. No pueden ni ir a Juntos.

¿De qué cojea la propuesta de cada candidato?
Yo no quisiera entrar en el terreno político. Como ciudadana veo que el debate electoral no aborda los temas principales de lo que el Perú necesita. El peruano promedio, donde me incluyo, no tiene una idea clara de cómo lograr un gasto más eficiente. ¿Alguien sabe cómo va a combatir la corrupción en los tres niveles de gobierno cada una de las propuestas, más allá de las frases? Estoy convencida de que eliminando la corrupción se obtiene un 30% más del presupuesto. ¿Alguien tiene idea de cómo lograr que en cinco años el narcotráfico no sea el primer problema del país? Hoy lo es; estarán felices –digo yo– de que nadie se ocupe de ellos. ¿Alguien sabe cuáles serán los primeros enérgicos pasos de acá a diciembre? ¿Quién estará encargado de ello? ¿Alguien sabe cómo se va a enfrentar el maltrato en los hospitales del Estado y la falta de medicamentos? Yo no lo sé y soy alguien medianamente informada. El debate es de agresiones e insultos.

¿Los candidatos garantizan que no se alterará el funcionamiento democrático?
¿Por qué hay tanta gente asustada y temerosa –particularmente en Lima– que vive esta elección como si el 5 de junio fuera el día del juicio final? Porque nadie está seguro de que no va a regresar la hiperinflación, de que no habrá intervención de los medios de comunicación, de que los regímenes económicos que hoy ordenan a nuestra sociedad vayan a ser mantenidos. No tenemos seguridad económica. [Nadie está seguro] de que no se tocarán los ahorros, como se quiso hacer en 1987. La gente está asustada con el futuro de sus ahorros previsionales. En el lado de la justicia y la democracia, no hay seguridad de que no se interrumpa el Congreso o se violen los DD.HH., de que no tendremos corrupción. Todos tienen su temor.

¿Hay un mal menor para usted?
Depende de cuáles sean los valores en la vida de uno, si la economía o la libertad. Para mí, la libertad está por encima. No quisiera que mi país viera un recorte de libertades de ninguna clase. La libertad de la propiedad privada, de expresión de los medios de comunicación, del acceso a la justicia, a la salud.

Para muchos pareciera que todo está escrito.
No estoy de acuerdo con un determinismo de uno o del otro. Quien salga, será por orden y mandato de los ciudadanos y solo por un tiempo. El poder es efímero. Estará en la presidencia para hacer lo que prometió y va a vivir de nuestros impuestos. El poder no es absoluto, su límite es la ley. Se viene un desafío para los peruanos: defender nuestros logros económicos, continuar la senda del desarrollo para que menos peruanos sean pobres. Cuidar nuestras instituciones, las que le ponen límites al poder; hay que fortalecerlas.

¿Servirá el Congreso que hemos elegido?
El Congreso no es una entelequia; lo conforman seres humanos. Espero que los elegidos actúen de manera sensata y que no subestimen la sabiduría e inteligencia del pueblo peruano. Creo que las bancadas se van organizar más por ideas, por defensa de derechos, más que por partidos.

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